29-01-2016

EL CORO DE LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL TEATRO DE LA MAESTRANZA, CUMPLE 20 AÑOS

UN SUEÑO QUE DURA 20 AÑOS por Agustín Redondo Muñiz

Qué difícil se hace expresar mucho en muy poco. En un primer intento,la sensación es de abismo por no poder condensar en unas cuantas líneas lo que ha supuesto en nuestras vidas, la vida de cada uno de los que formamos parte de este gran colectivo, ese torbellino de vivencias que han ocupado muchas horas, muchos días y muchísimos esfuerzos durante un período suficientemente largo ya; nada más y nada menos que 20 años.

El Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza o, como a nosotros nos gusta llamarlo, Coro Maestranza, celebra sus 20 años de existencia; años que se han ido fraguando a base de producciones, conciertos y ensayos, tantos en la mayoría de los casos que resulta difícil ponerlos en pie y en orden, desde aquel primer Rigoletto del año 1996 hasta la zarzuela Los diamantes de la corona, nuestra última producción en este diciembre pasado.

Esta nueva Junta directiva, que desde el mes de julio está al frente de la Asociación, tuvo desde el principio un reto prioritario: trabajar con tranquilidad por el bien de todos y saber transmitirlo a todos; intentar llegar, en definitiva, a ese estado de sosiego que en el mundillo de un teatro de ópera se hace a veces tan difícil. Con este enfoque queremos afrontar la celebración de estos 20 años junto con la ROSS y con el mismo Teatro, que conmemoran a su vez sus 25 años de singladura.

Momentos importantes
Echando la vista atrás y tratando de no caer en una nostalgia desmedida, parece el momento de entresacar del baúl de los recuerdos algunos hitos que han ido modelando la esencia de nuestro Coro. Resulta inevitable, así, recordar la primera vez que pisamos el escenario de nuestro querido Teatro para abordar nuestra opera prima como Coro, Rigoletto, bajo la batuta del grandísimo Romano Gandolfi y junto al que sigue siendo, al menos lo es así para muchos, el mejor bufón de la actualidad, Leo Nucci. Los que allí estuvimos seguimos considerándonos privilegiados por haber estado en el momento y lugar justos. Fue, sin duda, el momento chicos. El de las chicas no tardaría en llegar con la siguiente ópera de aquella temporada, Madama Butterfly, dirigida por el inolvidable Vjekoslav Šutej, primer director titular de nuestra ROSS.

La bohème de Zefirelli
Tras estas dos óperas, el Coro estaba ya, no se sabe muy bien cómo, formado y funcionando, si bien no podemos olvidar, como paso previo, importantísimo, la interpretación de la maravillosa Bohème de Zefirelli por parte del Coro de Málaga con la ilusionada colaboración de un pequeño grupo de alumnos de canto del Conservatorio de Sevilla. Es entonces cuando se empieza a fraguar la idea de organizar unas audiciones para constituir un coro propio.

Y después, lo inimaginable: cantar junto a los grandes de siempre, como Alfredo Kraus, Plácido Domingo, Joan Pons, Ruggero Raimondi, Ferruccio Furlanetto, Mariella Devia… Y junto a los nuevos grandes: Carlos Álvarez, Ismael Jordi, Mariola Cantarero, Ainhoa Arteta, Juan Diego Flórez, Maria Guleghina, Roberto Alagna, Gregory Kunde, tantos y tantos artistas extraordinarios; obedecer sin descanso la batuta de tantos directores, que han sabido y podido modelarnos a su antojo porque así la obra lo requería; hacer nuestras, a base de tesón, obras sinfónicas como el Réquiem de Brahms o la Novena de Beethoven; luchar sin tregua con idiomas tan ajenos como el ruso, el checo o el inglés endiablado de la ópera Doctor Atomic, otro reto que se presentaba como inalcanzable en un principio; convertirnos en actores improvisados para hacer de bailarines o de... en las exigentes pero entrañables producciones de las zarzuelas; y todo para llegar, con un poderío y profesionalidad inusual en un coro de las características del nuestro, a un público exigente pero entregado incondicionalmente desde un principio. Gracias de corazón. Y gracias también a todos los que, por uno u otro motivo, ya no están con nosotros pero han  formado parte de nuestros 20 años de historia, incluidos momentos tan duros como el de decidir silenciar el Gloria de Vivaldi y el Réquiem de Fauré ante el dolor que se estaba viviendo en España por los atentados de Atocha. Gracias a la ciudad que nos vio nacer y a sus instituciones. Gracias a los que han estado ahí y los que lo estarán en un futuro, porque nuestra historia no ha acabado de escribirse y queda mucho por hacer.

El listón se ha puesto alto y el compromiso es importante para los que quieran incorporarse. La ilusión indispensable. El sueño continúa... 

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