Ópera

ANDREA CHÉNIER

de Umberto Giordano
© Shooting Serveis Fotografics
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© Toti Ferrer
PRÓXIMAS FECHAS HORAS
05/06/2019 - Miércoles 20.00h comprar
08/06/2019 - Sábado 20.00h comprar
11/06/2019 - Martes 20.00h comprar
14/06/2019 - Viernes 20.00h comprar

ANDREA CHÉNIER
de Umberto Giordano (1867-1948)


5, 8, 11 y 14 de junio, 2019
20:00h

 

Amor y muerte en la Revolución

Versión libre de la vida del poeta francés André Chénier (1762 – 1794), ejecutado durante la Revolución Francesa  -en la conocida época del Terror- acusado de “crímenes contra el Estado”, Andrea Chénier es una hermosa ópera adscrita a la corriente verista que renovó el bel canto italiano a las puertas del siglo XX. Compuesta por Umberto Giordano (1867–1948) sobre libreto del gran Luigi Illica -el libretista de La bohème, Tosca y Madama Butterfly- su hermosa partitura sostiene una escritura vocal diseñada para el gran lucimiento del tenor que encarna al poeta en arias como “Un di all´azzuro spazio”  o la romanza  “Come un bel di Maggio”. Sin embargo, para el público más popular, no es precisamente ninguna de las arias para tenor la más conocidas y conmovedoras de esta ópera, sino otra, estremecedora y doliente, que entona la soprano protagonista: “La mamma morta”.

Estrenada en la Scala de Milan en 1896, efectivamente, catapultó al tenor protagonista, Giuseppe Borgatti y estableció al título como un poderoso vehículo para el lucimiento de los tenores que, como Gigli, Caruso, Corelli, Del Monaco, Domingo o Pavarotti harían suyo el papel convirtiéndolo, en algún momento, en pieza estelar de su repertorio. La ópera está dividida en cuatro actos.

Paul Henry Lang, que detecta en Giordano los ecos futuros de un Poulenc, sostiene que “cualquier empresario que no monte Andrea Chénier no hace más que engañar a su cartera”, en alusión a que el título es “un buen espectáculo” pues, por sus valores musicales y por cómo está trenzado argumentalmente el drama, atrapa la atención del público. “Giordano”, escribe Lang, “tenía un gran sentido de la escena, sabiendo exactamente lo que hay que eliminar y lo que solo es bueno sobre el papel”. Se trata, además, del gran espectáculo de un compositor que -pese a escribir muchas más- ha quedado para la posteridad como el autor de una sola ópera, a excepción de Fedora, dos años posterior. La orquestación, de gran brillantez e imaginación y el dramatismo de la obra, absorben al espectador desde el principio de la función.

En la historia, situada en el París convulso de la Revolución a finales del siglo XVIII, el trío que forman el poeta Chénier y la aristócrata Maddalena de Coigny, pareja de enamorados, junto al líder revolucionario Gerard, se ve arrastrado por un libreto exacerbado que combina la tragedia pasional con la intriga y el desencanto político en un relato que conducirá a la pareja de enamorados a morir juntos a manos de la justicia jacobina. 

Así pues, y dramatizando una tragedia amorosa sobre ese agitado ambiente histórico, Andrea Chénier se adentra en los aspectos sociales de la Revolución y abarca temas como el odio, la violencia, la guerra civil, los resentimientos, la lucha de clases, el amor y el romance en el marco de una Revolución que devora a sus hijos. Por el argumento y la crudeza del relato -y por estar escrita por el mismo libretista- los especialistas han relacionado a Chénier con la Tosca de Puccini.

Pedro Halffter Caro dirige a la ROSS y al Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza en una producción del Festival Castell de Peralada y la ABAO de Bilbao arropando a un gran reparto encabezado por el tenor surcoreano Alfred Kim, habitual de los grandes escenarios líricos internacionales –y quien ya participó en el Maestranza en Aida en 2013- y por la soprano navarra Ainhoa Arteta, quien debutó con gran éxito el personaje de Maddalena en Oviedo en 2017. Completa el trío protagonista el excelente barítono andaluz Juan Jesús Rodríguez.

 

Con el patrocinio de 


ACTIVIDAD COMPLEMENTARIA
EN TORNO A... Andrea Chénier
Ciclo de conferencias-concierto
En colaboración con la Asociación Sevillana de Amigos de la Ópera

SALA DE PRENSA
4 de junio, 2018
19:00h

Sala de prensa (Acceso por la Recepción del Teatro)
ACCESO LIBRE Y GRATUITO HASTA COMPLETAR AFORO

Cuadro Primero
Al final de un atardecer a comienzos del verano de 1789, se están disponiendo los últimos preparativos para una recepción en el castillo de Coigny. Unos lacayos, a las órdenes de Gérard, entran en el invernadero para colocar un gran sofá azul y se retiran, dejando solo a Gérard que alisa lo flecos y sacude los cojines, y luego apostrofa al sofá para denunciar su complicidad en las decadentes costumbres de la aristocracia.

Curvado bajo el peso de un mueble, entra el anciano padre de Gérard, jardinero en la casa desde hace sesenta años; el verle, excita la piedad y la ira de Gérard, avivando su odio hacia un régimen que no durará.

Pero hay una aristócrata a quien Gérard no odia: Madeleine de Coigny, que entra junto con su doncella de cámara, la mulata Bersi, y su madre, la Condesa. Mientras ésta da sus últimas órdenes, Madeleine se sume en una ensoñación inspirada por la noche que cae, mientras Gérard la contempla con profunda admiración. La Condesa manda a su hija ir a vestirse y, la joven, que encuentra una tortura la moda de la época, decide vestir un sencillo vestido blanco y una rosa en sus cabellos.

Los invitados comienzan a llegar. La Condesa recibe a cada uno con una palabra amable. Tres personajes hacen su entrada: el novelista Fléville, el músico Fiorinelli y un joven poeta, presentado por Fléville como Andrea Chénier, “alguien que promete mucho”. Entra a continuación un pequeño Abad, que acaba de llegar directamente de París, con noticias frescas. Se habla por un momento de política, la situación es mala, pero la compañía tiene ganas de divertirse, lo que hacen comenzando con una encantadora pastoral. Luego, la Condesa invita a Chénier a recitar algunos versos, pero el poeta se niega, para gran descontento de su anfitriona. Madeleine y sus amigas apuestan que le harán cambiar de idea. La muchacha no logra más que su madre pero Chénier, declinando su oferta, ha pronunciado la palabra “amor”, que causa la risa de las muchachas. Chénier, molesto, replica con pasión mediante una improvisación en la que encomia el amor, sobre todo el de su país y hacia los humildes, y denuncia el egoísmo de las clases privilegiadas. Todos se muestran indignados, salvo Gérard, que bebe sus palabras. En este momento llega otro “espectáculo” preparado por Gérard: un grupo de campesinos demacrados y andrajosos que vienen a cantar su miseria. La Condesa se muestra muy irritada y despide de inmediato a Gérard, quien, orgullosamente, se arranca la librea, renuncia a su condición servil y acompaña a su padre consternado y temeroso. La Condesa, sintiéndose indispuesta, se deja caer en el sofá, pero en cuanto se recupera con las atenciones de sus invitados, ordena que se reanude el baile.

Cuadro Segundo
Cinco años después, en París, junio de 1794. Chénier, solo, sentado en una mesa del café Hottot junto a la terraza del club de los Feuillants, está esperando a su amigo Roucher. No lejos, el sans-culotte Matthieu y el carmañola Horatius Coclès descansan junto a un altar erigido a la memoria de Marat. Una multitud animada circula por la calle, en la que pueden verse muchos “increíbles” y “maravillosas”, los elegantes de la época. Una de las maravillosas es Bersi, que trata de acercarse a Chénier pero, al verse espiada por un increíble, le mira descaradamente. Interpelada por él, le replica proclamando su adhesión a la revolución, al tiempo que manifiesta su indiferencia hacia la carreta de los condenados que pasa camino de la guillotina y que termina por seguirla junto con todo el gentío.

Llega Roucher, que ha conseguido un pasaporte para Chénier, que ahora es sospechoso, y le suplica abandonar Francia lo antes posible. Chénier al principio se niega: cree en el destino, y el suyo es quedarse, pues su destino quizás es el amor, ya que desde hace algún tiempo recibe cartas de una misteriosa desconocida. Roucher piensa que esas cartas ocultan, sin duda, una trampa y su desconocida debe de ser alguna “maravillosa” de escasa virtud. Chénier, decepcionado, se deja convencer y acepta partir.

Pasan los Representantes de la Nación; entre ellos se encuentra Gérard, a quien el Increíble hace un gesto para que reúna con él. Gérard ha pedido al Increíble que le encuentre a una mujer y ahora le hace una descripción que el Increíble requiere más precisa. Aprovechando la oportunidad, Bersi susurra rápidamente a Roucher que haga esperar a Chénier. El Increíble se interpone y despide a Bersi, pero la muchacha regresa poco después, creyendo despistar al espía, pero éste le ha seguido y consigue sorprender el mensaje que ella le pasa a Chénier: una mujer desea verle, que le espera esa noche junto al altar de Marat. El espía, habiéndose enterado de lo que quería saber, desaparece. Bersi se marcha y Chénier va a armarse por prudencia.

La noche ha caído, las patrullas comienzan su ronda, se encienden las lámparas. E espía regresa y se esconde de nuevo. Una silueta femenina se dibuja sobre el puente: es Maddalena de Coigny con ropas de humilde costurera. Chénier se reúne con ella pero no la reconoce. Ella le recuerda sus ideas sobre el amor de hace cinco años en el castillo de Coigny; luego, colocándose bajo la luz de la lámpara, descubre su rostro. Chénier, asombrado, reconoce a la muchacha, pero también el espía reconoce en ella a la mujer que busca Gérard, y se aleja sin ruido para avisar al revolucionario. Maddalena explica su situación a Chénier: está sola en el mundo, no tiene más que a Bersi; sabe que está amenazada y le pide que la proteja. Chénier descubre todo el poder del amor que sintiera por Maddalena desde el primer día que la vio y, a su vez, la muchacha le revela su cariño. Ambos, extasiados, se sienten con fuerzas para afrontar juntos todos los peligros.

Pero he aquí que, advertido por el espía, llega Gérard quien, al ver a Maddalena, no puede contener la pasión que ha sentido por ella desde que vestía la librea de lacayo. Trata de arrancársela a Chénier, pero éste pone a salvo a la muchacha entregándosela a Roucher, quien se la lleva rápidamente. Y Chénier, desenvainando su espada, la cruza con Gérard, para acabar hiriéndole. Chénier huye, pero el ruido ha atraído a la gente, que se agolpa alrededor de Gérard quien, antes de perder el conocimiento, declara que no conoce a su asaltante.

Cuadro Tercero 
En la vasta sala de audiencias del tribunal revolucionario, Mathieu exhorta a los ciudadanos  a mostrarse generosos y hacer donaciones en defensa de la patria en peligro, pero no tiene éxito. Toma entonces la palabra Gérard, y su elocuencia levanta el entusiasmo de la gente, que ofrece los pocos objetos de valor que tienen. Una anciana ciega, Madelon, que ya perdiera a su hijo en la toma de la Bastilla, ofrece ahora a su nieto para el ejército. La gente se dispersa. Se prepara ahora la sala para la sesión de tarde del tribunal revolucionario. El espía hace su informe a Gérard. Chénier ha sido arrestado y servirá de cebo para apresar a Maddalena. El espía aconseja a Gérard que redacte y firme cuanto antes el acta de acusación, pero Gérard vacila; hombre de nobles ideales, aunque dominado por sus pasiones, esta acta fraudulenta le repugna, pero termina por firmarla. Apenas hecho, entra Maddalena quien, ignorando que Gérard le ama, suplica a su antiguo criado que salve a Chénier. Gérard enseguida hace saber a la muchacha que la ha amado desde que era pequeña. Maddalena no duda: ofrece entregarse a Gérard a cambio de la salvación de Chénier. No le importa que la toma pues, habiendo visto morir a su madre, no habiendo sobrevivido más que gracias a la abnegación de Bersi, herida por el amor del beso de la muerte, ya se siente muerta. Gérard se siente conmovido por este amor tan diferente al suyo y se presta a todos los sacrificios. Así pues, recobrando la nobleza de su alma, renuncia a la muchacha y hará lo necesario para devolverle la felicidad. En este momento le presentan la lista de los acusados que van a comparecer ese mismo día ante el tribunal. El nombre de Chénier figura en ella. Ha querido arruinar a Chénier, pero ahora le salvará. El público entra en la sala del tribunal y se disputa los mejores sitios. Jueces y jurados les siguen. El presidente Dumas y el acusador público, Fouquier-Tinville, ocupan sus asientos. Hacen entrar a los prisioneros, entre ellos Chénier. Comienzan los procesos en que, uno tras otro, los prisioneros son sumariamente condenados. Cuando llega su turno, Chénier, acusado de haber combatido con Dumouriez y corrompido las costumbres con su pluma, replica animosamente que, en efecto, fue soldado y que tomó la pluma, pero lo hizo con honor, el defensa y al servicio de su patria. Fouquier-Tinville llama a los testigos y se presenta Gérard, que proclama haber acusado a Chénier falsamente. Pero la hostilidad general se dispone en su contra. Los jurados se retiran para deliberar brevemente. Gérard abraza a Chénier y le señala a Maddalena, que se encuentra en la sala. Chénier se siente embargado de alegría, pero los jurados regresan y es pronunciado el veredicto: muerte. Se llevan a Chénier; Maddalena, desesperada, se desploma.

Cuadro Cuarto
La prisión de San Lázaro, todavía de noche, en la que es la última de Andrea Chénier. En un desbordamiento de inspiración, el poeta escribe su despedida a la vida, que lee a su amigo Roucher. Cuando acaba, llaman a la puerta y entran Maddalena y Gérard. Empleando joyas y dinero, Maddalena consigue del carcelero que le deje ocupar el lugar de la condenada Legray. Gérard les deja solos para intentar un último esfuerzo apelando a Robespierre. Maddalena y Chénier se quedan a solas y expresan su amor hasta que llega el alba para reunirlos para siempre en la muerte.

Dirección musical PEDRO HALFFTER CARO
Dirección de escena ALFONSO ROMERO MORA
Escenografía RICARDO SÁNCHEZ CUERDA
Vestuario GABRIELA SALAVERRI
Producción FESTIVAL CASTELL DE PERALADA Y ABAO
Ficha Artística
Andrea Chénier ALFRED KIM
Carlo Gérad JUAN JESÚS RODRÍGUEZ
Maddalena di coigny AINHOA ARTETA
La mulata Bersi MIREIA PINTO
Condesa di Coigny / Madelon MARINA PINCHUCK
Roucher FERNANDO LATORRE
Pietro Fléville / Fouquier-Tinville DAVID LAGARES
El Sanculotto Mathieu ALBERTO ARRABAL
Abate Chénier / Un "Incredibile" MOISÉS MARÍN
Mayordomo / Dumas / Schmidt CRISTIAN DÍAZ
REAL ORQUESTA SINFÓNICA DE SEVILLA Director artístico y musical, John Axelrod
CORO DE LA A.A. TEATRO DE LA MAESTRANZA Director, Íñigo Sampil

Fecha y hora
5, 8, 11 y 14 de junio, 2019
20:00h

Precios de las localidades
DIARIO / VIERNES Y SÁBADO
Patio: 116€ / 125€
1ª Balcón: 111€ / 120€ 
2ª Balcón: 100€ / 107€
1ª Terraza: 88€ / 95€
2ª Terraza: 76€ / 82€
1ª Paraíso: 70€ / 76€
2ª Paraíso: 59€ / 63€
3ª Paraíso: 46€ / 50€

Venta de localidades ONLINE: desde el lunes 26 de noviembre, 2018
Venta de localidades en taquilla: desde el lunes 13 de mayo, 2019

Venta telefónica (954 22 65 73), si quedaran localidades disponibles, una vez atendida la demanda de ventanilla el primer día de venta. En horario de taquillas. Con un recargo de 1,50 €/entrada. 

Internet: Podrá imprimir sus entradas mediante el sistema de “ticket en casa”. Recuerde que el correo de confirmación contiene la entrada o entradas válidas para el evento. ES IMPRESCINDIBLE SU IMPRESIÓN O DESCARGA EN EL DISPOSITIVO MÓVIL PARA ACCEDER AL RECINTO.

Si se adquieren localidades a través del sistema de venta telefónica o por Internet se recomienda llegar con antelación al comienzo del espectáculo para poder solventar eventuales incidencias, en caso contrario el Teatro no asegura el acceso a la sala. 

Taquillas:
De lunes a sábado: 10,00 a 14,00 horas y 17,00 a 20,00 horas.
Cerrado domingos y festivos, excepto los días de función hasta comienzo de la misma.
Pagos en efectivo y con tarjetas de crédito o débito.
No se admiten tarjetas virtuales

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